Lo que debía ser una experiencia deportiva inolvidable terminó en una grave denuncia. Una delegación de 65 personas, integrada por nadadores de la Sociedad Española de Salta y sus padres, quedó varada en Iquique, Chile, luego de que la empresa de transporte contratada, “Del Norte Soy”, incumpliera el servicio y dejara de responder, desentendiéndose completamente de la situación.
El viaje, que comenzó el viernes desde Salta, estuvo marcado por una seguidilla de fallas mecánicas. El primer desperfecto ocurrió en Tumbaya, Jujuy, con la rotura del filtro de aceite del micro. Sin embargo, lo peor llegó tras cruzar el paso de Jama: el colectivo comenzó a presentar fallas graves, con movimientos inestables, olor a cables quemados y, finalmente, la pérdida total de frenos.
En plena noche, a gran altura y con temperaturas cercanas a los -8 grados, la delegación con numerosos menores quedó varada en la ruta en una situación de extremo riesgo. Según denunciaron los padres, los choferes incluso intentaron abandonar el vehículo, agravando aún más el cuadro.
El rescate debió ser improvisado por los propios acompañantes, con ayuda de otros integrantes que viajaban en vehículos más pequeños y la intervención de Carabineros de Chile. Recién así lograron salir de la zona, donde incluso se reportó presencia de pumas.
Ya en Iquique, lejos de recibir asistencia de la empresa responsable, los damnificados tuvieron que costear nuevos traslados de su propio bolsillo, con gastos que llegaron hasta los 85 dólares por persona. A pesar de todo, los nadadores compitieron: llegaron con demora, pero lograron subirse al podio en varias categorías y alcanzaron un meritorio segundo puesto general.
Hoy, el grupo permanece alojado en el Club Deportivo Morro, sin soluciones concretas para regresar a Salta. Cada nadador había abonado cerca de 320 mil pesos, mientras que los padres pagaron alrededor de 350 mil. La empresa, que habría cobrado aproximadamente 7 millones de pesos por el servicio, desapareció y no envió el micro de reemplazo prometido.
La indignación crece entre las familias, que denuncian abandono total y exigen respuestas urgentes. Mientras tanto, decenas de chicos siguen varados en Chile, a la espera de una solución que, por ahora, nadie garantiza.